Hace algunos días vi en la prensa paraguaya, un artículo que hablaba del “Clima de negocios”,[Actualización: como el artículo fue borrado de la web de La Nación, dispongo acá una copia en PDF: paraguay-mejor-clima-de-negocios (229 hits)] , un indicador construido por la Fundación Getulio Vargas y que Paraguay lidera en la región hace algún tiempo.

A continuación reproduzco la tabla publicada que muestra un ranking de 11 países:clima-de-negocios (216 hits)

 

Hubo dos cosas que me llamaron la atención. Por un lado, que el ranking fuera de 11 países y no de 10: esto lo entiendo como la imperiosa necesidad de “mostrar” que el “modelo venezolano” no funciona. Independientemente que lo sea o no, llama la atención esa necesidad constante de mirarse en ese espejo “antiempresarial”, “comunista”, “castrista”, “chavista” y “antidemocrático” donde se mira la prensa empresarial paraguaya. El número 11 se agrega a propósito.

Lo segundo, es que me pareció que existía alguna relación entre este ranking y los índices de bienestar social. Por ello me fui a buscar el Índice de Desarrollo Humano y comprobé una casi correspondencia inversa entre ambos índices:

Bolivia 113
Paraguay 111
Colombia 98
Ecuador 98
Perú 82
Brasil 79
México 71
Venezuela 67
Uruguay 50
Argentina 49
Chile 41

(Puesto mundial en IDH de los 11 países de la tabla Clima de Negocios; elaboración propia en base a Malik, K., United Nations Development Programme., & Human Development Report Office. (2014). Sustaining Human Progress: Reducing Vulnerabilities and Building Resilience. Recuperado a partir de http://hdr.undp.org/sites/default/files/hdr14-report-en-1.pdf )

Como puede observarse en el cuadro, los primeros 5 países de la tabla original de “Clima de Negocios” son los peores en Desarrollo Humano, significa por ejemplo, que Bolivia y Paraguay están en el lugar 113 y 111 del IDH a nivel mundial.

A mayor clima de negocios, peor Desarrollo Humano, ¿nada de qué sorprenderse no?

Siempre me gustó mucho esta frase de Miquel Vidal:

Se presupone, en contra de toda evidencia histórica anterior,  que lo que es bueno para las empresas es también bueno para las personas.  Y el axioma no es ese, sino uno más tautológico pero también más exacto:  lo que es bueno para las empresas es bueno para las empresas. Y nada más.  Bien es cierto que, a veces, aquello que genera beneficio empresarial es  reutilizado para procurar beneficios sociales, pero esto es colateral  (como un epifenómeno) y es atrozmente ingenuo confiar a priori en que va a ser así.  La confusión entre lo que es bueno para las empresas (la acumulación de capital  y la extracción de beneficio económico por encima de cualquier otra consideración)  y lo que es bueno para la gente (la producción de bienes públicos y de riqueza social  para la vida en comunidad) puede ser desastrosa.  (Miquel Vidal 2000 en Gradin, 2004: 64)

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